miércoles, 28 de febrero de 2018

EL FIN DEL MUNDO


Sentado en las escaleras de la Iglesia. La carretera de bajada es de subida y la de subida de bajada. Un amigo sostiene un periódico en la mano donde la noticia es “Un Renault Clío Verde Pistacho provocará el fin del mundo”.

Empezamos a mirar la carretera con atención buscando el coche en cuestión, de repente pasa un Renault Laguna de color verde y yo comento: “ese es”.  Mis amigos me dicen que no: “no es un Clío”. Pero sí que era, choca contra una tubería y nos invade una luz blanca.

De repente me encuentro en un pasillo blanco lleno de gente que corre de un lado a otro, de una puerta sale el padre de Carlos con una bata de médico y las manos ensangrentadas diciendo: “no hemos podido hacer nada”. Sigo andando y llego a una habitación llena de luz, abarrotada de gente que tiene una televisión al fondo. Están puestas las noticias que dicen: “la falta de cosecha de lentejas desata una crisis en Murcia”. La siguiente imagen es un huevo de Pascua bajando por una tubería, la misma contra la que chocó el coche, y se supone que baja al centro de la Tierra, avanza destrozando cañerías de las que caen lentejas. Cuando el huevo llegue allí, todo acabará.

Me siento en una silla y a mi lado una cara conocida me dice “ya no podemos hacer nada”. Miramos a un gran ventanal que hay enfrente y un destello de luz termina con todo.

DR. BARNEKOW

miércoles, 14 de febrero de 2018

EL LARGO CAMINO A CASA

La lluvia, tan deseada cuando falta y tan denostada cuando llega, me empapaba en mi carrera por refugiarme. Los árboles no eran capaces de cortarla por completo y la posibilidad de que me cayera un rayo, aunque remota, existía.

El habitual camino a casa se estaba convirtiendo en una pesadilla desde el momento en el que me comunicaron que debía recoger mis cosas y salir de la oficina. Desde que reparé en la puerta de la oficina con la mochila y una bolsa llena en la mano que me había dejado el paraguas dentro y no podía volver al lugar del que había salido deseando que todos fueran sepultados por su propia incompetencia.

Subir a un autobús lleno de gente empapado hasta los huesos es reconfortante, la calefacción que hace que desees estar en el infierno en días tibios me venía bien para secarme. Aun así no era el mejor día para que a mi lado se sentase la señorita del "call center ambulante" y justo delante el señor "te clavo el respaldo en la garganta para echarme la siesta". 

Una hora más tarde las ganas de bajar del autobús eran directamente proporcionales a las nauseas provocadas por la angustia y el calor.

Y de nuevo la lluvia. Y los árboles siguen sin ser la solución. Lo que me había planteado por la mañana como un agradable paseo de vuelta a casa dejando el coche en el garaje, ya no era tal cosa.

En realidad ya no me molestaba el frío ni la lluvia, mi cabeza era un continuo hervidero de reproches a todos los que se habían quedado trabajando mientras salía por la puerta.

DR. BARNEKOW

viernes, 12 de junio de 2015

SABES QUE VAS A MORIR

¿Qué harías si supieses que vas a morir hoy? ¿Pasar más tiempo con los que quieres? ¿Dejarle las cosas claras a alguien? ¿Hacer cosas prohibidas? ¿Hacer el amor por última vez? ¿Decirle a alguien lo que sientes?
Pero ¿y si solamente es una sospecha? Pasarías el día con miedo, atemorizado, sin saber por dónde viene a buscarte la parca...

Ese día me levanté al escuchar el despertador, a la hora de siempre, y empecé a recordar lo que había soñado. Soñaba que era niño, que jugaba con mi hermano, mis primos, mis amigos de la infancia pero también con los de ahora... Había soñado con una especie de escena donde estaban muchas personas importantes de diferentes épocas de mi vida a la vez. Hasta que mis padres nos llamaban a mi hermano y a mí para comer. 

Me fui a la ducha y empecé a recordar. Dicen que cuando vas a morir tu vida pasa por delante de tus ojos como una película, eso fue lo que empezó a pasar mientras me duchaba, mientras me secaba, mientras me vestía, mientras desayunaba... Antes de salir de casa tuve que detenerme ante la puerta, respirar profundamente y repetirme que tenía que parar de recordar, o no iba a poder evitar echarme a llorar ante tal avalancha de recuerdos ordenados y editados cual vídeo de concursante expulsado de reality. Pero no contaba con el poder de la música y con que llevase puesto en el coche un disco recopilatorio que me dio por llamar "las canciones de mi vida”. Recuerdos entre el tráfico que me teletransportaron de casa al trabajo. Recuerdos que me acompañaron durante toda la jornada. Varias veces fui a lavarme la cara, mirarme al espejo y tranquilizarme, pero se ve que no eran los nervios los que provocaban este ataque cinematográfico en mi cabeza.

Fue sobre el mediodía cuando desarrollé la teoría que decía “si mi vida pasa ante mis ojos es que voy a morir”. Aunque me encontraba bien de salud, sin achaques ni cosas raras, hacía deporte con frecuencia y comía bastante sano; lo que no te libra de algo súbito. Pensar que era mi último día de vida y que tenía que trabajar hasta media tarde era muy duro, y más sin saber en qué momento me iría para siempre.

Llegué vivo a casa, fui a ver a mis padres y les abracé tan fuerte que me preguntaron los motivos, a lo que contesté con un escueto y entrecortado “no pasa nada”. Intenté quedar con algún amigo, pero todos andaban ocupados. Intenté quedar con alguna amiga, pero ninguna estaba disponible. Así que me encontré solo en casa con la televisión apagada, llorando y con el cerebro repasando las últimas vacaciones en Tarifa. La película de mi vida llegaba a su fin y mi día había sido más bien un “quiero y no puedo”, un manual de cómo no debes pasar tus últimas horas en el mundo.

Así que abrí una cerveza, encendí un cigarro, puse el último disco de Vetusta Morla y me senté en el patio mirando al cielo y esperando que la película de mi vida me atropellara y desvelara el intrigante final.

Hay muchos tipos de finales, este era inevitable, aunque a la vez intrigante ya que la muerte sólo era una suposición que había cobrado fuerza en mi cabeza, pero si no era la muerte, ¿qué era? Mi cabeza seguía completando la película de mi vida como un ordenador que se está vaciando.

Los últimos segundos fueron el recuerdo de un abrazo fraternal, el sonido de una cerveza abriéndose, el olor a humo, una canción a la deriva y una puesta de sol. Después oscuridad. Mis ojos se cerraron cuando me vi a mi mismo sentado y mis recuerdos alcanzaron el instante en el que me encontraba.


Desperté de madrugada en el patio, con la mente vacía y ganas de vivir, llamé al trabajo para no ir y ese día hice todo lo que no pude hacer el día anterior por miedo, fui a por mis amigos y amigas, les dije a mis padres que les quería, llamé a todas las personas que me importaban, hice el amor... Liberado de la muerte se vive mejor, quizás por eso me concedió ese día de prórroga antes de quitarme el aliento para siempre mientras dormía solo en mi cama con una sonrisa, esperando la llegada de un nuevo y provechoso día.


DR. BARNEKOW