lunes, 23 de abril de 2012

MI LADO DE LA CAMA


Los copos de nieve y esa canción, todo se repetía. Tu y yo, tu espalda y la luz mortecina de la habitación. No se oía nada en la calle que pudiera molestarnos, que perturbara nuestra conversación o que me quitara la ilusión. Ahí estábamos los dos sin saber que decir, aunque sinceramente no necesitábamos decir nada, se hablaba el idioma del silencio, de las miradas y de las caricias.

Me venían a la mente los recuerdos de vidas pasadas, de camas ajenas y de invitaciones a desayunos no deseados. Pero sonreía con la esperanza de que el silencio con el que aquella mañana nos despertamos fuera el primero de muchos más. Tenía la ilusión de que cada mañana recibiera mi regalo como un niño que esperaba la recompensa al diente de debajo de la almohada.

"Hoy eres tú mi mañana y ayer fuiste mi noche, quédate un poco más. Seguro que no tienes que ir a trabajar tan pronto, nadie te espera hoy, ¿no?", dijo.

Efectivamente fui su noche y su mañana. Pero nunca lo fui más. Después de esa noche y esa mañana, el silencio que antes me despertó, ahora amanecía conmigo al cambiar su lugar por el tuyo en mi lado de la cama.

PASSANI

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